martes, 26 de abril de 2016

¿Qué tiene de especial un día de talleres abiertos?

Por Martin León Geyer
El Sábado 16 y Domingo 17 de Abril tuvo lugar el primer Open Studio de Barranco. En el mapa que estuvo repartiéndose se podía acceder a 32 lugares repartidos por todo el Distrito de Barranco, entre talleres, viviendas y otros espacios. Desde las once de la mañana hasta las siete de la noche. Solamente en el primer día, personas vinculadas a la Municipalidad comentaron que calcularon 200 personas por taller participante. Para el domingo esta afluencia con toda seguridad ha sido aun mayor.

El valor de una iniciativa de este tipo, que al igual a la desaparecida Noche en Blanco, aparece y se hace realidad por el empuje de unos pocos, en esta ocasión el artista José Luis Herrera Gianino y un pequeño colectivo de profesionales mutados a voluntarios entusiastas, es a primera vista la oportunidad que brinda para disfrutar del arte de una manera poco acostumbrada. Para el público debe haber sido sorprendente y fascinante ver con sus propios ojos como surge y se produce la creatividad. Pero hay más. A diferencia de cuando se expone, aquí los artistas, al abrir sus talleres, se abren ellos mismos. El lugar donde crean y producen, donde conviven con sus propias inseguridades, miedos y frustraciones que son no pocas veces el principal aunque invisible actor. Doblemente valioso entonces.

Para los artistas participantes han sido dos días intensos y desacostumbrados, algunos indudablemente deben haberse visto fuera de sus zonas de confort habituales. Para ellos Barranco es una llave central a como se perciben o entienden, es más que el lugar donde alquilan un taller o una vivienda, les es un lugar especial, que han convertido en parte - piedra y alma diría el sociólogo y pensador Richard Sennet - de su identidad como artista y persona.

Lo expresan por ejemplo Manuel Zavala y Víctor Delfín, entrevistados para este evento. La iniciativa, resaltan ambos, estaba pendiente desde hace tiempo y calza con una impostergable necesidad para organizarse y también formalizarse. Como explica Manuel Zavala, el Open Studio “da una cobertura diferente  a los artistas, también de imagen, especialmente ante las autoridades,  quienes quizá no lo tomen tan seriamente, pero cuando vean el efecto, que se va transmitir en el exterior, y como se va a ver Barranco, se van a esmerar y darle la importancia que se merece”.

Ese cariño por el lugar donde toma vida y se produce la propia creatividad la comparten seguramente todos los artistas participantes. CAPA ART en otra entrevista recoge lo entrañable de Barranco, “su arquitectura tradicional... sus calles y avenidas bonitas, a todos nos gustaría trabajar en un lugar así, con tranquilidad, con el malecón, el agua, el mar, con harta cultura, con una movida combina que arte, gastronomía y diversión. Es importante que sea pequeño; siendo pequeño, todo se relaciona, todo está acá, todo está concentrado, no necesitas irte largas distancias a una galería, es un atractivo para cualquier artista”.

Víctor Delfín encuentra una expresión fantástica y define Barranco como un mítico tesoro presto a ser descubierto, “todo eso es un Paititi que la Autoridad Municipal no debería descuidarlo”. Condición para ese hallazgo es “que los talleres y artistas  deberían tener vasos comunicantes y viceversa, porque es así que se genera un progreso. Eso significa más delicadeza con las calles y con el barrio.”

Open Studio no solamente ha permitido al artista mostrarse, sino que el artista se ha podido insertar por dos días en un contexto más formal y por lo tanto más profesional, resalta CAPA ART. El clama que necesitan acceder a las herramientas legales, o de cualquier otro tipo, para poder exponer, mostrar su trabajo, ya que algunos artistas les cuesta encontrar o afirmar su acceso a la producción profesional de altura y asegurar de esta manera los ingresos que toda persona necesita. “No tienen sus trabajos en una línea, hay una especie de improvisación” reconoce y sugiere que “seria bueno que el artista tenga un espacio que esté apoyado por la municipalidad, allí va a ver una especie de relación mucho más importante entre el distrito y la cultura.”

Lo que ya es seguro, escribe la Directora del Goethe-Institut Perú hace unos días: se necesitará mejorar la conectividad de los hacedores de cultura, a escala local, nacional, continental y mundial -  entre ellos y con los demás sectores de la sociedad. Tareas pendientes serán las de proveer más marcos y lugares para la creación y más plataformas para el diálogo, para que se puedan construir las redes que se necesitan, sean presenciales o digitales.  (Carola Dürr, El Peruano, Sección Variedades, pág.6, viernes 15.04.2016).

 El Open Studio ha sido un paso en dirección correcta que seguramente será recordado. aparte que logró por dos días llenar todo Barranco de peatones convertidos en paseantes, todos equipados con un mapa del distrito, e igualmente importante, ha logrado movilizar necesidades que subyacían. Pero cómo cubrir esas necesidad o urgencias ya no vía eventos, sino mediante soluciones más constantes, sobre eso será necesario hablar en otra oportunidad.


Esperamos que esta primera versión del Open Studio no desaparezca después de dos tres versiones más, como le sucedió a tantas iniciativas honrosas, entre ellas la ya mencionada Noche en Blanco, que sumando los asistentes a sus tres versiones debe haber logrado bordear el millón de personas. Y hagamos votos también que a partir de iniciativas como la de sábado y domingo pasado, podamos desarrollar proyectos de más aliento que permitan posicionar a Barranco como la ciudad del arte y de las industrias creativas.






Bibliografía:
Diálogo y Cultura, por Carola Dürr, El Peruano, Sección Variedades, pág 6, 15.04.2016

Entrevista a Manuel Zavala

Entrevista a Víctor Delfín

Entrevista a CAPA ART

Página de Open Studio en Facebook



lunes, 20 de julio de 2015

Noticias de un secuestro o la crónica de una muerte anunciada - el eucalipto del óvalo de la Esperanza

Es extraño cómo dos títulos de García Márquez caben en este intento que quiere comprender lo que pasó el 27 de mayo del 2010 en el óvalo donde coinciden Villa María del Triunfo, San Juan de Miraflores y Villa El Salvador.
¿A dónde se fue el eucalipto que Jaime Miranda Bambarén desarraigó y mudó hacia el óvalo de Villa María del Triunfo?  Las únicas pruebas que quedaron de su existencia son las fotos que Jesús de la Cruz, un amigo del monumento tomó la última noche en que el árbol estuvo en su lugar de residencia. Acción que se contrapone a la acción de otros, que a esa misma hora en que se tomaban las fotos de la destrucción, aparecieron con escaleras, motosierras e instrumentos de soldadura, para desmantelar los elementos físicos que lo sujetaban a la tierra. Esa noche entonces se confrontaban en un mismo espacio dos maneras de recordar y de hablar. Porque el desmembrar un monumento en una acción nocturna, sin que nadie dé luego explicaciones de ningún tipo, es también un gesto. El silencio también es palabra.

La desaparición de un árbol es siempre un hecho triste y en este caso, la rememoración lo es en muchos sentidos más, al tiempo que no lo es, como lo desea el creador del proyecto  Jaime Miranda Bambarén. ¿Cómo entonces recordar sin dejar de reconstruir? Cuatro posiciones parecen existir ante la destrucción de este “Monumento en Honor a la Verdad para la Reconciliación y la Esperanza” cuya construcción impulsó el “Comité Cívico para que no se repita. Lima Sur” desde el año 2005. La primera es de indignación y denuncia; la segunda es de perdón y comprensión, y la tercera es de profunda satisfacción y alivio. La cuarta es, a todas luces: la del silencio. De aquellos que ya no pueden hablar, de los que ya no quieren hablar, pero también de aquellos que nunca quisieron o supieron hablar. Imposible de saber, como es imposible de determinar con exactitud quién ganó con su desaparición. Lo que si queda claro es que todas estas acciones, gestos y sentimientos expresados o guardados bajo siete llaves, abren la puerta al alma nacional.

Noticias de un secuestro o la crónica de una muerte anunciada son por eso dos títulos para un solo ensayo. Esta medida cobra sentido si miramos en nuestro recuerdo al eucalipto sujeto por las tres tenazas metálicas en el centro del óvalo. Era lugar a la vez que cosa. Era un lugar para la memoria y era un objeto que tuvo vida y que luego, mediante la acción del artista, recibió la misión de cumplir con otro nuevo rol. Esa doble existencia, como lugar y como objeto la encontramos en la única lengua que pudimos escuchar: la de los amigos del monumento. Fue  "El Árbol Desarraigado" en el “Óvalo de La Esperanza” si recogemos las notas de prensa y los pronunciamientos. El lenguaje final de sus no-amigos fue el gesto de la motosierra y el de las chispas que saltan cuando se corta el metal. No deja de ser una ironía que lo que un escultor de la madera creó, fuera destruido por un soldador.
Queda claro entonces, que nuestra memoria colectiva carece de un canon o de un súper-yo que lo regule o que nos permita encontrar tolerancia y empatía cuando nos relatamos los recuerdos de épocas compartidas, nos diría si estuviese entre nosotros en el Perú, Pierre Nora.  Pero él es francés, aunque su concepto de los lugares de la memoria (lieu de mémoire) ya tenga múltiples nacionalidades. La guerra interna que desangró por dos décadas el país, la descubrimos entonces también en el óvalo. La noche del 27 de mayo del 2010 tuvo lugar una batalla más, donde lógicas de recordar, irreconciliables entre sí, estuvieron una vez más muy lejos de encontrar el mínimo necesario para convivir.
Seguimos siendo entonces un país de víctimas y victimarios. La guerra nunca terminó: se ha mudado al ámbito de lo simbólico. Sin embargo, también es necesario reconocer que dentro de todo ha habido un pequeño avance: un asesinato continúa siendo mucho más violento que la violencia simbólica de la cual podamos disponer. Y aunque continuamos siendo un país en el que la violencia es muchas veces la solución más rápida a los desencuentros, también es cierto que ya no vivimos en medio de una guerra interna. Somos aún un paisaje profundamente fragmentado, pero Jaime Miranda Bambarén tiene razón: es en estos momentos especiales en los que se puede crecer con los ojos abiertos, por unos breves momentos sin pelear, sin reclamar, sin señalar y sin acusar.  El perdón es el último escalón anterior al estado de paz, pero antes es necesario aprender a tolerar si no se puede respetar.


Y todas estas posibilidades humanas se concentraron en un árbol que sin que fuera su intención, fungió de máquina generadora de símbolos polifónicos. Fue un semiophor, un objeto-ánfora capaz de ser llenado de significados, como puede que nos explicara el polaco Krzystof Pomian.  Y como tal quizá cargase al final, en sus raíces colgantes, demasiadas historias para un eucalipto. Aunque, quién lo puede decir con seguridad. Desde que creció en la tierra que lo nutrió, de la cual fue secuestrado-salvado por el artista, y hasta que fuera cortado y desmantelado por desconocidos, como rezan las declaraciones de las autoridades, nuestro eucalipto, -él mismo desarraigado de su tierra de origen, porque tampoco es una especie oriunda ni autóctona de nuestra geografía precolombina-, debe haber producido sentimientos y pensamientos en toda persona que lo haya visto o tocado.
"Noticias de un secuestro" y  "Crónica de una muerte anunciada", son dos novelas que además sintetizan una mirada humanizada, desde nuestra cultura latinoamericana, a la violencia a la que se atreve el hombre. Si retomamos ese sendero, el árbol desarraigado continúa siendo un árbol para la esperanza.
Martin León G.
Lima, noviembre 2010

Bildunterschrift hinzufügen
A  modo de recordatorio y nuevo comentario: la discusión sobre cómo debemos, podemos o queremos recordar, y que rol le asignamos a las plazas y calles como espacio público es de larga data y continúa lamentablemente con la misma conocida intolerante virulencia en una enorme variedad de lugares a lo largo de nuestro país. Este texto data del 2010 y fue escrito a raiz del pedido del mismo artista plástico a quién valoro por su sensibilidad y temprana sabiduría. 

Su instalación en un lugar de Lima-Sur, el concepto artístico el cual él diseñó, con el cuál él ganó una convocatoria abierta en el lejano 2007, y que de manera gratamente sorpresiva fue llevada a cabo con tal eficacia que incluso fue inaugurada, sufrió de un vandalismo oficial, fruto de una intolerancia apurada y nerviosa, en la medida que el gesto nocturno fue seguramente pensado como un saludo desesperado a ciertos sectores de la opinión pública o proveniente del ámbito de los movimientos partidarios postelectorales. ¿Cómo saberlo si nunca hubo una declaración oficial de parte de la gestión siguiente a la que apoyó este proyecto ganador respetando la convocatoria multiinstitucional de la cuál surgió? 

El árbol, muerto en píe, que él artista encontró y que hizo llevar con mucho cariño y cuidado hasta el lugar escogido, las piezas de metal que el mismo hizo con sus herramientas de escultor, con las cuales este árbol vuelve a cobrar vida más allá de su ciclo de vida natural, todos esos elementos fueron para mi un guiño esperanzador. Y es que en vez de ver un cadáver como escribió alguién en un post sobre este caso en el proyecto micromuseo de Gustavo Buntinx, yo veia claramente ante mi un árbol, que a través de la artificialidad de sus tres nuevas raices metalicas contrapuestas a la textura de la madera y la intensidad de las verdaderas raices ahora visibles para todos, lograba erguirse nuevamente con esa insolencia que solamente aquellos solitarios árboles de pie en zonas urbano -agrestes nos pueden inspirar.Y mientras que sobrevive en mi memoria y en la de aquellos que lograrón verlo, sigue -aunque ya no desarraigado sino ahora desaparecido- a mi modo de ver, siendo un eucalipto en el Óvalo de la Esperanza.

Martin León Geyer, julio 2015.



















Más información sobre el eucalipto que habitó por tres años, entre el 2007 y el 2010 en el Óvalo de la Esperanza puede encontrar en el webblog de Jaime Miranda Bambarén.
Espacios de memoria / espacios de conflicto en www.jaimemiranda.com



domingo, 7 de junio de 2015

Disfunción vial - o cómo combatir nuestra propia tendencia al caos

Un dia cualquiera en el óvalo Jorge Chavez, Lima. Pasa el que 
sabe meter el carro. El que tiene caña. © Martin León Geyer

Pero como siempre hay también esperanza. No estamos solos y menos condenados. En la India parecen haber problemas similares como en nuestro país, y parece que también hay ciudadanos que ya no aguantan ciertas situaciones.

En un viral una página facebook que se identifica como the logical indian pone el dedo en la herida. y postea una animación bastante clara.

En el Perú uno de nuestros tantos puntos críticos es el comportamiento vial en todo el país, a través de todas las clases sociales.
Este video no tiene la intención de demostrar superioridad de nadie. En imágenes de inicio de siglo 20 se ve el mismo caos y comportamiento en las grandes ciudades de los países más desarrollados. La pregunta más bien es que esperamos por aplicar el sentido común nosotros mismos. Es decir ver en las reglas de tránsito un aliado y no un sistema de disposiciones tontas que conviene ignorar. Para empezar un canal de señal abierta podría pasar cada vez por un minuto algo similar por unos meses antes de iniciar sus programas de noticias y de mediodía. El tiempo, que en la televisión nunca es gratis, lo podría donar el medio mismo o un grupo de aseguradoras, que deberían estar un poco más interesados en disminuir nuestras tasas de siniestralidad en la calle, además de ejercer de esta manera ese concepto que citan con frecuencia y que llaman responsabilidad social. Así no seria necesario dejar esta tarea a algún ministerio o nueva alta autoridad. Estas se podrían concentrar en otras medidas igual de urgentes.