martes, 18 de octubre de 2011

ausencia de riesgo

una madre con coche de bebe y niña, se prepara para cruzar
La imprudencia se ha tornado un hábito social. Está enquistada en nuestra manera de movernos por la ciudad. Algunos dirán que el peruano es así, odia las reglas. Pero considero que el problema no va tanto por el lado de una presunta fascinación del peruano por trasgredir como algunas veces resaltan los amigos del psicoanálisis. No somos marcianos, y en otros países también son igual o más imprudentes, o todo lo contrario.

tres amigos conversan, la vereda no les simpatiza
Parece ser entonces más bien una cuestión de un procesamiento social de la información particular. Es en principio un comportamiento racional en el sentido que es consciente y económico. Se desea ahorrar esfuerzo y evitar perder tiempo. Eso es muy humano, y muy natural. Sin embargo el problema radica en que se ha instaurado en el Zeitgeist urbano una fórmula sumamente disfuncional en sus resultados finales, que puede ser comprobado visual y auditivamente a partir de las 10 pm en  todos los noticieros del día. En la ecuación de las personas mostradas en estas fotografías y en las que salen en las noticias solo parece figurar el tiempo y el camino, el factor peligro o riesgo no es tomado en cuenta.

no queda claro si es que ganó tiempo y si ahorró esfuerzo
Se añade otra regla no escrita. Pareciera que la regla de preferencia realmente aplicada, determina que aquel que ya se encuentra en la vía tiene preferencia sobre cualquier otro que se aproxime, sea carro a toda velocidad, enorme bus metropolitano, tren o triciclo. Y como ya se ganó esa preferencia a fuerza de ocupar la vía, ya no es necesario asegurarse si viene algún otro participante del flujo vial.

Finalmente, y eso si es una falta de educación vial, pareciera existir una incapacidad para calcular riesgos. Lo que más desearía poder haber hecho en vez de solamente fotografiar: Preguntarle a cada una de las personas el por qué. Muero por escuchar sus respuestas, racionalizaciones, escapadas, sonrisas nerviosas o miradas achoradas.


lunes, 10 de octubre de 2011

valet parking al estilo Lima

dos vehículos posiblemente muy VIP esperan ocupando casi toda una calle muy transitada de Miraflores, nótese que encima están sobre el cruce peatonal, los chóferes posiblemente muy importantes acaban de ingresar a un restaurante que desea sobre todo atender muy bien a dichas personas muy importantes. Hora y lugar: por supuesto hora punta a la altura de Dos de Mayo con Atahualpa, en Miraflores. Los otros vehículos que transitan por  la misma vía  al fin  y al cabo, y con unos sacrificios lograrán ingresar al cruce, mentadas de madre por medio.

viernes, 1 de julio de 2011

Piensa ciudad y cede el paso - propuesta para una campaña de comunicación

Lo que hacemos en la calle es un tema del cual hablan todos. Pero lo que se vé en ella son intervenciones y gestos aislados. En algunos sitios de San Borja, Surco y Miraflores se implementan semaforos hace algunos años para doblar a la izquierda. Que nunca se explicaron o se llevaron a los otros distritos, dejando al conductor que adivine su correcto uso. De manera sorpresiva surgen semáforos peatonales por allí y por allá.
Las autoridades anuncian cada cierto tiempo campañas de tolerancia cero dirigidas a todo ciudadano que cruce apuradito por debajo de un puente peatonal. Voces críticas reaccionan reclamando la imposibilidad de seguir las reglas de tránsito por la total ausencia de infraestructura para respetarlas.
En TV Peru corren a veces unos spots que parecen haber sido ideados en 10 minutos y terminados en otros 30 minutos. Algunas aseguradoras o bancos presentan spots publicitarios que piden que se tenga cuidado y se sigan las reglas de tránsito. Buenas intenciones hay, pero están totalmente desarticuladas.
Son medidas a saludar, pero gotas en el desierto, que es grande y que se hace aun más inconmensurable si no se trabaja, a la par que se intenta mejorar la infraestructura vial (en la que incluyo al peaton), en extirpar una legión de conductas disfuncionales que consideramos lógicas y normales porque las practicamos todos los dias.
Una medida adicional entonces podria ser una campaña de comunicación, inteligente y bien pensada.
Un proyecto que vaya levantando los comportamientos mas disfuncionales de todos en la calle, que tenga metas concretas como bajar en porcentajes relevantes la siniestralidad por conductas de riesgo en un tiempo determinado, pongamos 4 años.

Que tenga además el apoyo financiero de las empresas aseguradoras que trabajan con el SOAT y el aval de Ministerio de Transportes y de la Municipalidad de Lima. Creo que tanto la Municipalidad de Lima, como el Ministerio de Transportes, e incluso el Ministerio del Interior ganarían de esta manera rapida una visibilidad importante.

Sería un proyecto poco caro, ya que sería un proyecto publico-privado que no necesita inversion en infraestructura (ese es otro tema). Se podria manejar con publicidad estática, spots para televisión y cine, programas televisivos y campañas escolares, avisos en prensa y medidas en web 2.0. Si las empresas que ofrecen SOAT se animan a participar asumiendo los costos, ganarian una imagen positiva importante, además que al bajar las tasas de siniestralidad, sus gastos disminuirán también. Me imagino que se pueden dejar convencer.

Sería entonces un proyecto con multiples actores, con un consejo conformado por personas ligadas a seguros, universidades, municipalidad, ministerio y ONGs que supervise la campaña de sensibilización de la empresa comunicadora que haya ganado la licitación. Se podría licitar la campaña definiendo ciertas bases, a partir de un estudio que identifique las conductas viales más disfuncionales, para luego incluir principios de la comunicación que funcionen, por ejemplo preferir el uso de una estrategia de twinkling eyes, es decir de humo y autorironía, en vez aplicar el dedo moralista, que es para mí el peor de los trucos de persuasión.
En cierta medida se podría retomar el slogan "la revolución de las pequeñas cosas" que ya usa la PUCP en su Campus, pero que tiene muchísimo potencial hacia afuera para ganar visibilidad sin gran costo. Como slogan ya incluye cierto humor, porque una revolución pequeña es un oximorón, es decir conlleva una contradicción, ya que una revolución nunca pretende ser pequeña, y por esta vía despierta atención y puede llegar hacer pensar.
Para terminar algunas de esas conductas disfuncionales que todos conocemos:
  • no saber como darle paso a las ambulancia
  • cruzar la calzada en diagonal, sin saber que el conductor no puede asi calcular su distancia al peaton
  • quedarse en la noche en la linea central parado, esperando pasar, sin saber que los conductores de una y otra dirección se ciegan uno a los otros, de manera que al medio no es visible
  • no saber hacer la mirada sobre el hombro izquierdo para evitar chocar con el que estaba en el punto ciego, al cambiar de carril
  • ocupar los cruces
  • no usar semaforas peatonales o no considerarlos
  • no sobreparar para dejar pasar a peatones cuando se dobla
  • no pensar en situaciones de riesgo, por ejemplo manteniendo distancias
  • y un largo etc. ...
Lo importante de esa campaña sería trabajar la idea que estas conductas disfuncionales en la calle no son delitos de borrachos desadaptados, gente extraña o ajena, combis asesinas, taxistas bestia, sino que todos hemos interiorizado un cúmulo de reglas de transito que existen en la realidad, que nos parecen más lógicas o económicas, de las cuales estamos convencidos que nos toman menos esfuerzo y menos tiempo, que pueden ser observadas día a día en la calle y que poco o nada tienen que ver con lo que dice el manual o se pide en el examen de manejo.

viernes, 21 de enero de 2011

Se alquila Plaza Municipal - Parte 2 o epílogo sin final

La Feria del Trigal 2010, f. del autor
Todos aquellos que pasaron por las avenidas San Martín y Miguel Grau en Barranco, a la altura del Parque Municipal antes y durante la época de navidad, fueron testigo de una lucha – o más preciso, de una guerra urbana- ejecutada a través de instrumentos simbólicos en forma de comunicados, paneles, pancartas, cintas, comentarios en facebook, blogs, y relativamente pocos artículos en prensa o reportajes en los medios hablados y televisados. Este comentario parte de uno anterior y va, en esta ocasión, en tono personal para, desde una perspectiva metodológica, llevar a la práctica el principio de la intersubjetividad en la observación de nuestro propio entorno.

Como cualquier mortal al que le gusta vivir y caminar por Barranco, me vi envuelto y confundido en este desencuentro urbano que es también un ejemplo o metáfora de cómo hacemos entre todos nuestra ciudad. O más bien, como insistimos en deshacerla. Escribí por eso en diciembre del año pasado un post con una crítica ácida a partir de la versión 2010 de la Feria del Trigal sobre la manera profundamente disfuncional en que hacemos uso de nuestros espacios públicos en la ciudad.

Luego de la protesta de muchos, mayormente a través del internet, aparecen carteles, afiches y cintas, cercando la feria a medio terminar, y que hacían referencia a una resolución que la prohibía. Esta situación se mantuvo por algunos días, en los que parecía que la formalidad y el estado de derecho se impondrían. En algunos stands se pudo ver, incluso, que comenzaban a desinstalar las conexiones eléctricas. Sin embargo, faltando ya poco para los días cumbre de la campaña navideña, de un día al otro desapareció todo rastro de esta intervención de la fuerza pública. Y poco después se pudo ver que los stands comenzaban a ser decorados y llenados con mercancía.

En los días de navidad finalmente, la feria funcionaba mal que bien, pero quedaban muchos kioscos sin ocupar o sin terminar. Y es aquí donde yo también terminé perdiendo. Perdí porque no pude ser consecuente con mi posición crítica de ciudadano ilustrado. Mi plan era ignorar la feria, hacer mi vida urbana como si esta no existiera, ir a comprar pan, a la farmacia, al banco, al Juanito, hasta a misa, es decir: seguir mi vida como siempre. Pero caí, con los ojos abiertos y resignado.


Víspera de Navidad: a las siete de la tarde, crucé la calzada y me adentré en la Feria del Trigal, en ese momento, bazar en la mejor tradición de esta palabra. Y lo peor que me pasó es que lo disfruté, la pasé bien caminando entre muchísima gente y viendo montones de cosas interesantes y bonitas. Incluso adquirí un bien de poco uso práctico. Sin embargo mantenía mi malestar cultural (Unbehagen der Kultur) – como posiblemente me lo describiría S. Freud, si aún viviese, y si nos visitara y si él me conociera. Y este malestar indefinido fue compartido. Al pasear pude escuchar a una persona disculpándose ante otra con pinta de extranjero (cómo saberlo hoy en día con seguridad). Le explicaba que la plaza solía ser mucho más bonita en días normales. Regresé a casa irritado con la gente de la Feria del Trigal, con el aun alcalde, con la ciudad, conmigo mismo. ¿Por qué no podía sentirme bien con mi crítica y al mismo tiempo contento con haber disfrutado de la feria?

Navidad y año nuevo pasaron, la feria desapareció rauda con el primer día del año 2011. Pero queda la moraleja. Al final todos perdieron: la feria del Trigal perdió el buen nombre obtenido por tantos años de tradición; las personas que se entusiasmaron por la idea y que entregaron seguramente montos considerables a los organizadores y que sufrieron la improvisación y desconsideración de éstos y por parte de la municipalidad liderada por el señor Mezarina.

Y también los vecinos, que vieron complicada su vida cotidiana; la población que se demoraba aún más en sus recorridos en el eje norte y sur de la ciudad que insiste en fluir por las ya sufridas alameda Pedro de Osma y las avenidas San Martín y Miguel Grau. Y también perdieron los turistas de ciudades, nacionales o extranjeros, que entre tantas luces navideñas nunca pudieron conocer el romanticismo barranquino.

Sin embargo, en río revuelto siempre hay ganancia de pescadores. La nueva gestión en Barranco podría por eso comenzar el año con un primer gesto de buen gobierno e informar a su ciudadanía cuánto percibió la comuna por este alquiler de su plaza más importante. Y algún periodista podría indagar y contarnos cuánto gastaron y ganaron los organizadores. Y qué consecuencias debería tener el ignorar resoluciones de instituciones públicas que intentan velar por el derecho de todos, con o sin eficacia.


Ferias navideñas en plazas centrales son una tradición urbana. Es más, en todo el mundo muchas ciudades surgieron a través de la historia justamente por ser el lugar físico de ferias. Y en días festivos, en el Perú como en Alemania, Ghana o China, las ferias tienden a tomar los lugares centrales del pueblo o de la ciudad. Y son fiestas que toda la población espera siempre con ansias.

Una feria navideña en la Plaza Municipal de Barranco, no era en principio un despropósito. Es la manera de imponer y ejecutar lo que irrita tanto. No era necesario ocupar hasta el último centímetro cuadrado. No era necesario llevarla a cabo con tanto silencio. El mensaje se mantiene entonces, lo que necesitamos es sentido común, equilibrio, transparencia y voluntad de cambio. Lo que nos falta es pues, más Glasnost y Perestroika, como nos diría Michail Gorbachov, si nosotros fuésemos rusos.